Mi experiencia en la MOLPEcon y recomendaciones de Noviembre

Supe de la MOLPEcon de chiripa, pero un vistazo a los ponentes fue suficiente para que corriera a hacer un presupuesto y empezara a preparme para el evento. No todos los días se tiene la oportunidad de escuchar y conocer a tantos profesionales, además de compartir espacio con un montón de gente con objetivos e intereses similares a los míos. Sabía que iba a ser bueno para mi, igual que sabía que iba a ser un gran reto; El evento se celebraba en Madrid, ciudad con la que tengo una relación complicada, además de que tendría que viajar sola y por mi cuenta. Hace unos años no me habría supuesto ningún problema, pero fue justo allí donde desarrollé mi trastorno de ansiedad y no sabía cómo iba a reaccionar a volver. Para mi sorpresa, todo fue como la seda.

Llegué con un día de antelación para hacerme al sitio y de paso reencontrarme con algunas personas. Fue bonito volver a ver a mis compañeras de la escuela y a algunos amigos que no veía desde antes de mudarme. Para el sábado estaba descansada y con las pilas a tope.

Me puse en segunda fila junto al proyector y estuve tomando notas a pesar de que nos iban a pasar las charlas ampliadas con sus respectivos apuntes (doy gracias por eso). Todas las charlas fueron dinámicas e interesantes (juro que no me dormí en ninguna de ellas, y eso de mi es mucho). Seguían el recorrido que debe hacer un escritor después de terminar un libro, desde la corrección a todo el tema de la promoción pasando por movidas legales, gestión de blogs, SEO y demases. Hubo dos descansos para café y el almuerzo en medio, espacios en los que se supone que debíamos hacer networking (esa cosa de hacer amigos que no se me da especialmente bien). Como había pocas caras conocidas temía pasarme todo el evento siguiéndo a Cotrina y Gabriella como un patito, pero mi orgullo de persona adulta logró sobreponerse y pude hasta mantener un par de conversaciones con personas nuevas (so proud). No hice nuevas amistades como tal pero sí nuevos contactos, no es mal comienzo. Solo tuve un ataque de ansiedad en toda la velada y fue al final de todo, por el tema de la cantidad de estímulos y estar rodeada de gente tantas horas, pero fue pequeñito y conseguí recuperarme para unirme a las cervezas de después de clase (patatas con alioli en mi caso).

En mi opinión, mereció la pena cada céntimo y cada minuto que pasé allí y si se repite el año que viene y puedo iré de cabeza. Si queréis una crónica más detallada del evento podéis leer este hilo de YerseyOwen o la crónica de la propia Ana González Duque, mastermind detrás de todo, que además ha ido recopilando artículos de ponentes y asistentes.  También podéis comprar el pack de charlas completo en la web de la MOLPE (¡solo hasta el 17 de diciembre!) Ahora estoy dedicándome a verme las charlas ampliadas con tranquilidad y a seguir avanzando en lo mío, con una perspectiva más clara de adónde puedo llegar y qué tengo que hacer para conseguirlo.

 

 

Ahora las recomendaciones de este mes de Noviembre:

 

 

Un cómic: The Sandman

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Como hace poco fue el 30 aniversario de The Sandman, de Neil Gaiman, me pareció apropiado daros la matraca con esta maravillosa obra. El cómic (o novela gráfica si lo preferís) cuenta la historia de los Eternos, seres tan antiguos como el universo que representan cada uno un concepto (Muerte, Sueño, Destrucción, Destino, Deseo, Desesperación y Delirio) aunque se centra principalmente en Sueño y en su metamorfosis a lo largo de los siglos. La línea del argumento es difusa un poco dfusa; salta atrás y adelante en el tiempo y está salpicada de pequeñas historias, todas únicas y especiales, que pintan un mundo donde todos los entes sobrenaturales conviven, luchan, evolucionan, nacen y mueren. Hasta el personaje más secundario tiene su profundidad y su propia historia y cada detalle de la ambientación y cada palabra está elegida con mimo.

La serie se convirtió en un icono popular y forma parte de la cultura oscurilla (góticos y derivados). Incluso si no eres mucho de cómics, es una lectura que merece mucho la pena.

 

 

Un juego: Monster Prom

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Tras el fiasco del Salón Manga de Puerto Real del que no voy a hablar lo siento mucho, me concedí un capricho, y ese fue Monster Prom. Llevaba tiempo detrás de ese juego, no sé por qué me ha dado ahora por los dating sims, tal vez porque son los únicos juegos en los que no muero (mentira, también he muerto en datin sims) y la verdad, mejor compra que he hecho en mucho tiempo. Trata de un instituto de monstruos y seis alumnos carismáticos para conquistar y llevar como pareja al baile de graduación.

El juego tiene la particularidad de una opción multijugador, que puede ser tanto online como por turnos, lo que te permite jugar con tus colegas aunque no tengan el juego, y puedes hacer partidas cortas o hacer la ruta larga (yo por el momento solo he hecho partidas cortas porque me canso muy rápido). No solo es este juego super inclusivo (te da a elegir entre 4 avatares y puedes ponerles los pronombres que te salgan del rodaballo) y tiene un arte y diseño de personajes cojonudo, además es que te mueres de risa jugando. Por todas partes hay perlas, juegos de palabras, referencias, elecciones absurdas y tiene un montón de finales y eventos especiales. Por el momento el único final bueno que he sacado es el de Vera, la gorgona (que se ha convertido en mi favorita) pero algún día el príncipe del Infierno será mío.

 

 

Una serie: Aggretsuko

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Estoy en una racha de verme las mismas series una y otra vez pero esta me la han recomendado tanto que no pude decirle que no. Se trata de Aggretsuko, un anime basado en un personaje de la compañía Sanrio. Su protagonista, una panda roja llamada Retsuko, sobrevive a su trabajo de mierda gracias a sus escapadas al karaoke y su amor por el deathmetal.

Los capítulos son cortitos y amenos y la verdad es que engancha muy rápido a pesar de ser de tipo costumbrista y la protagonista es a-do-ra-ble. Estoy deseando que saquen la segunda temporada.

Si queréis pegatinas de Aggretsuko hechas por mi podréis conseguirlas en el próximo Mangafest de Sevilla, los días 7, 8 y 9 de Diciembre. Estad atentos a mi Twitter y mi Instagram para ver todas las cositas que llevaré y para enteraros de las nuevas publicaciones del blog. ¡Hasta la próxima!

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Recomendaciones Octubre 2018

¡SAMHEIN, SAMHEIN! ¡SIN DESCANSO! ¡SIN RESPIRO! ¡SAMHEIN! BUSCAD, BUSCAD, BUSCAD! ¡HASTA QUE LA MUERTE NOS RECLAME Y EL OLVIDO NOS CONDENE! ¡BUSCAD!

Sinopsis: Un chaval llamado Hector recibe la visita de un misterioso hombrecillo en la noche de Halloween. Este le propone un viaje a una ciudad mágica llamada Rocavarancolia, asegurándole que es especial y que necesitan de su poder, pero hay algunas cosas importantes que no le dice. Hector se ve envuelto junto con otros once adolescentes en una lucha por la supervivencia, y la búsqueda de respuestas ¿Para qué los han llevado a la ciudad? ¿Qué es la Luna Roja a la que tienen que esperar y qué ocurrirá cuando aparezca?

LunaRoja

Estaba reservando esta saga para esta fecha en concreto y de hecho pensaba releérmela para octubre pero entre el inktober y demás mierdas solo voy por la mitad del segundo libro. Aun así volver a pasearme por sus páginas y mirar con atención entre sus líneas ya sabiendo lo que va a ocurrir me ha traído muy buenos recuerdos. Quien iba a decirme a mí que unos libros iban a cambiar tanto mi vida (y no lo digo por exagerar).

Conocí El ciclo de la Luna Roja cuando estaba en bachillerato y lo empecé a leer de prestado, de aquellas aún no había salido el tercer libro. Me los bebí. Y después fui a hacer lo que hago con todas las sagas y series que caen en mis garritas: fui a buscar fanart en internet. Por desgracia al ser de un autor español (José Antonio Cotrina, ya os he dado mucho la brasa con él) y con un fandom relativamente pequeño no encontré nada, lo que sí encontré fue un foro. De ese foro salieron algunas de las relaciones más importantes de mi vida, muchas de ellas todavía siguen y seguirán. Allí publiqué mi primer fanfic (gracias a Satán que se borró todo) y pude recibir feedback inmediato de mi trabajo. Gracias a ese foro fui a mi primera presentación de un libro, pude conocer a gente de un montón de sitios de España e ir a visitarlas. También allí conocí el rol (el narrativo, para el de mesa aún quedarían unos años) y me metí en el proyecto más grande en el que me he metido nunca, y del que todavía no he conseguido salir.

Ese foro ya no existe, pero la comunidad sigue activa y hambrienta gracias a las redes sociales y el autor sigue alimentándonos con chucherías cada tanto en cuando, como esta jugosa noticia que nos regaló la noche del 31.

En otro momento os hablaré del rol, en el que participé como game master durante casi siete años y del que sigo formando parte como jugador, y es que la historia da muchísimo de sí. Siempre elogio las ambientaciones de Cotrina en todas sus obras pero es que el tío lo hace genial, sabe transportarte adonde él quiera que vayas y en este caso la ciudad que nos presenta, Rocavarancolia, es casi un ente vivo, un personaje en sí mismo (y seguro que leeréis algo así en más de una reseña). La ciudad te atrapa desde las primeras páginas y sus entresijos e intrigas, su hermosa brutalidad, te mantienen pegado a cada libro de principio a fin.

Ruego me disculpeis el exceso de hype pero le tengo un cariño especial a esta trilogía y quiero que más gente la conozca y la disfrute (y si puede ser, que se pase por el rol después) y que conozca el trabajo de este maravilloso autor con el que nunca voy a dejar de daros el coñazo.

Os deseo un feliz Halloween tardío y mucha suerte con el NaNoWriMo para quienes vayais a participar. Yo os mantendré al día de mi progreso vía Twitter. Aquí tenéis un pequeño spoiler.

Recomendaciones de Septiembre

Todo lo que hago por el momento es experimental y no sé hasta cuándo podré mantenerlo, pero ya que he conseguido recuperar un buen ritmo de lectura me pareció buena idea hacer un artículo a final de cada mes con recomendaciones de lecturas. En principio serán de libros o cómics que haya leído ese mes pero también puede que caigan lecturas relacionadas con proyectos en los que estoy trabajando o que me parezcan super duper importantes. ¡ Ahí van las de este septiembre!:

Las Crónicas del fin (de José Antonio Cotrina y Gabriella Campbell): Este libro en concreto me produce cierto orgullo pues formé parte de los lectores beta y tuve la oportunidad de leer antes que nadie todas sus entregas. Empezó publicándose online, en forma de novelitas cortas, cada una con su correspondiente portada de Libertad Delgado y gracias a la editorial Alethé se ha publicado un tomo recopilatorio de esta primera temporada.

Puedo decir que es uno de esos libros que me quitan el sueño en el buen sentido. La historia llegó a mis oídos como un regalo del cielo, cuando mi cerebro pedía a gritos historias postapocalipticas pero que se alejasen de los típicos zombies, guerras nucleares y desiertos áridos en los que todavía funcionan los vehículos con motor de gasolina por alguna razón. Hablamos de un apocalipsis MÁGICO, con todo lo que eso implica: nada de limitarse por las tediosas leyes de la ciencia, nada de anticristos, nada de lucha entre el bien y el mal, Las crónicas del fin es un relato brutal y caótico lleno de horrores a cual más absurdo pero que dentro de su contexto tienen perfecto sentido; es como la peor de nuestras pesadillas pero elevada al cuadrado. Aun así Cotrina y Gabriella saben cómo aderezar una historia horrible con los momentos de ternura, humor y fanservice (como mi niño araña no encuentre el amor lloraré durante cincuenta años) justo para que el fin del mundo sea más llevadero.

Ahora están en plena época de presentaciones así que estáos atentos a las redes sociales.

Los cuentos de hadas de Angela Carter: Este ha sido mi libro de cabecera durante bastante tiempo, pues lo he usado para intercalarlo con otras lecturas, ¡pero al fin lo terminé! Lo primero que debo advertiros es que si buscáis cuentos al uso, olvidaos. Angela Carter hace una recopilación de historias tradicionales de un montón de culturas diferentes, todas protagonizados por mujeres.

Aunque al principio la forma en la que está escrito me resultaba desconcertante, es una lectura liberadora pues rompe con las estructuras a la que nos han acostumbrado (o al menos a las que me han acostumbrado a mi) de cómo se cuenta un cuento. Además en algunas te encuentras cosas tan raras (ancianos que crían cangrejos como sus propios hijos, mujeres que transforman sus vaginas en trineos o que dan a luz a botijos ladrones… ) y tantas ideas refrescantes que puede ser una gran fuente de inspiración. No es el mejor libro para contarle a tus sobrinos antes de dormir pero si es una buena buena lectura para tener en la mesilla de noche y a la que recurrir cuando necesitas algo corto, especial y diferente para alimentar tu cerebro.

Cara o cruz. Conviviendo con un trastorno mental (Lou Lubie): Y por último, un cómic. Me lo recomendó la dueña de la tienda con la que colaboro y a pesar de que se centra concretamente en los trastornos de tipo bipolar (la autora y protagonista es ciclotímica) hay muchas cosas con las que cualquier persona que sufra un trastorno puede identificarse: comentarios de la gente, el estigma, el miedo a hablar del asunto, los diagnósticos contradictorios, no ducharte en una semana… El dibujo y el lenguaje del cómic transmiten maravillosamente los sentimientos de la autora y los datos teóricos que da (con los que ayudó su propia terapeuta) ayudan a eliminar los mitos y aclarar dudas sobre este tipo de trastornos y las enfermedades mentales en general.

¡Y ya está! Me encantaría saber si habéis leído alguno de estos libros y qué os parecieron o hacerme recomendaciones (tengo una lista enorme de pendientes pero a quién le importa, ¡me encantan las recomendaciones!). Podéis seguirme en Twitter para estar al tanto de todas mis adquisiciones en el momento y para pincharme con un palo para que le quite el polvo a mi cuenta de goodreads.

Janko encadenado (II)

Parte I

 

El Palacio de la Violencia estaba recorrido por un laberinto de corredores de hormigón. Cada pocos metros había un fluorescente que fallaba o una grieta preocupante y siempre olía a antiséptico barato, humedad y sangre. Oso y Ripo arrastraron a Janko hasta una de las muchas cámaras desperdigadas por el complejo. No tuvieron que preocuparse demasiado por que se les rebelara pues estaba semiinconsciente por la pérdida de sangre. Oso prácticamente tenía que llevarlo en volandas.

La sala en la que entraron tenía puertas acorazadas y era todo azulejos blancos del suelo al techo. Un sanador aguardaba a los pies de una camilla oxidada, con todo su instrumental extendido sobre una bandeja.

—Quitadle la ropa —ordenó. —Hay que lavarlo antes o se le infectarán las heridas.

Los dos muchachos obedecieron. Le arrancaron la ropa al que había sido su compañero y lo metieron en un plato de ducha enorme con dos desagües roñosos. En sus rostros se veía claramente que era un trabajo fastidioso, pero también había cierto alivio, al menos en los ojos de Ripo. Limpiar un herido siempre era mejor que limpiar un cadáver. Lo lavaron a manguerazos, arrancando la sangre seca de su piel. Usaron estropajos para raspar la suciedad. Ahí Janko pareció volver un poco en sí y soltó una serie de quejidos lastimeros. La herida de su costado empezó a sangrar de nuevo al verse liberada de la costra que había empezado a formarse y dejó un reguero rojo por todo el muslo de Janko. Oso gruñó.

—¡Doc! —llamó Ripo.

El sanador hizo rodar hacia allí un taburete con una mano mientras la otra hacía equilibrios con la bandeja de instrumental. Sentaron a Janko, sujetándolo para mantenerlo erguido, y el sanador empezó a coserle la herida. El chico gritó.

—Sí, sí, duele mucho, pero no puedo sedarte ahora. Aguanta como el chico fuerte que eres —dijo el hombre con voz queda. Cosía con la rapidez que le daba la experiencia pero no se preocupaba mucho de que las puntadas quedasen bien. No iba a dejar una cicatriz bonita, tampoco le importaba demasiado, su trabajo era simplemente remendar a los chavales.

Trazó algunas runas de cicatrización rápida a ambos lados de la herida ya cerrada con un pincel fino. En personas normales podían curar una herida como esa en pocos días pero en los chavales del Palacio en ocho horas ya estaba cerrada. Repasó otras lesiones: los moratones con peor pinta, heridas que podrían dificultarle andar o moverse, algún hueso roto… Lo curó todo con trazos rápidos de su pincel o ensalmos que sonaban a canciones de cuna cantadas por una persona muy cansada. Una vez estuvo todo listo tomó una enorme jeringa de la bandeja.

—Ha sido un placer tenerte con nosotros, Jankito. Te vamos a echar de menos.

Oso y Ripo le dieron la vuelta a Janko, sujetándolo por las axilas y le obligaron a inclinarse. El sanador le clavó la aguja en la nalga izquierda, justo sobre una cicatriz antigua, y sacó el chip de localización que llevaban todos los luchadores.

El jefe de pista entró entonces en la habitación. El sanador le tendió la aguja con el chip dentro y este la metió en una bolsa de plástico que luego metió en el bolsillo de su chaqueta. Le echó un vistazo a Janko de arriba a abajo.

—Bueno, por lo menos ahora no parece que estés a punto de morir. Ponedlo presentable para nuestra clienta, no queremos que se arrepienta.

Los luchadores asintieron. Janko se vio arrastrado de nuevo pasillo arriba.

Una vez lejos del jefe de pista y del personal del Palacio, el recibimiento a la no-muerte de Janko fue mucho más caluroso. En los barracones sus compañeros más jóvenes saltaron de las literas al verle y le atosigaron a preguntas y comentarios. Janko solo miraba a unos y otros con cara de desubicado. Parecía que todos allí sabían mejor que él lo que le iba a pasar. Uno de los chicos comentó la envidia que le tenía y solo con eso a Janko se le aceleró el corazón. Había desechado muy rápido la idea de que fuese esa persona quien lo hubiese comprado, pero era un tipo estúpido que se aferraba rápidamente a cualquier resquicio de esperanza que se cruzara en su camino.

Sus compañeros le raparon los lados de la cabeza y le avivaron el tinte verde del pelo con un emplaste alquímico. Le pusieron ropa interior limpia, pero solo ropa interior, y un bozal nuevo de cuero negro. A Janko le dio hambre de lo bien que olía.

—El jefe quiere que vayas con todo el aparataje, no quieren arriesgarse a que ataques a la clienta —comentó Ripo.

Le pusieron el collar eléctrico que solían llevar todos mientras no estaban en la arena, grilletes reforzados en manos y pies, un arnés… A Janko a veces le daba algo de risa la cantidad de precauciones que tomaban con él, en cierto modo le hacían sentirse importante, pero todas eran una pérdida de tiempo; no tenía ninguna intención de escapar.

Los hechizos del sanador iban haciendo efecto. Seguía estando mareado por la pérdida de sangre pero por lo menos podía andar por su cuenta y se iba haciendo más consciente de la situación. Lo habían comprado. Iba a salir de allí con vida. Las tripas se le encogieron de miedo y duda pero también de anticipación. Miles de fantasías se agolparon en su cabeza.

 

Janko encadenado

 

Janko se revolvió cuanto pudo, pero esas cadenas no iban a romperse tan fácilmente; quienes las hicieron sabían lo que era. La herida de su costado todavía sangraba, abierta y supurando el anticoagulante que le impedía cerrarse naturalmente. Le pitaban los oídos y le costaba enfocar la mirada, pero no se podía permitir desmayarse. Tenía que escapar, como fuera. Desgraciadamente en ese callejón solo había una salida, y estaba bloqueada por el jefe de pista.

—Sabes, Janko, es una pena que tenga que acabar así, eras uno de mis mejores luchadores —dijo el hombre mientras cargaba su vieja escopeta.

Estaba de pie, a pocos metros de él, la distancia justa para tener un tiro limpio pero sin arriesgarse a recibir una dentellada. Janko no llevaba bozal esta vez y el jefe lo conocía lo bastante como para no fiarse. Era un hombre fornido, entrado en años pero que aún mantenía su vitalidad y una reputación lo bastante infame como para que nadie se atreviese a llevarle mucho la contraria. Tras él, en la boca del callejón, había otros dos luchadores aguardando. Chicos jóvenes como Janko, con la sombra de la resignación en el rostro, sabedores de su desagradable labor una vez su jefe hubiera terminado.

—Oh, no me mires así, sabes como funcionan las cosas aquí. —La sonrisa del hombre era una mueca de crueldad —Ya no puedes darnos beneficios, y piensa que así tus compañeros no pasarán hambre. Es el ciclo natural de la vida.

Janko no apartó la mirada. No había desafío ni odio en sus ojos desiguales , solo miedo. Trató de hablar, pero solo le salieron balbuceos. Aunque sabía que ninguna súplica iba a ablandar el corazón del jefe de pista. Él lo apuntó y Janko se sacudió aún más, pegando su cuerpo contra el muro roñoso como si pretendiese atravesarlo. El agua de lluvia empapaba el suelo y lo hacía resbalar, avivaba viejas manchas de sangre de otros como él. Janko podía olerlas como si estuvieran frescas. Soltó un gemido de angustia.

—Deja de gimotear y compórtate como un hombre —lo reprendió. Su voz actuó como un conjuro y Janko se calló. —Estate quieto y acabará rápido.

Pero justo cuando iba a apretar el gatillo sonó su móvil. Durante un instante pareció que el mundo se detenía y el único sonido era aquella tonadilla aguda y pasada de moda. El jefe de pista pareció tener intención de ignorarlo, pero finalmente bajó el arma y chasqueó la lengua con fastidio. Odiaba que lo interrumpieran.

—Diga. Sí, señor… Sí. ¿Cómo dice?

Janko quiso aprovechar su distracción para buscar una nueva vía de escape. El jefe de pista lo vio por el rabillo del ojo y alzó la escopeta a modo de advertencia. No lo mataría apuntando con una sola mano pero bien podía hacer que no pudiera volver a moverse. Ambos lo sabían.

—De acuerdo, en seguida lo preparo todo. —Y colgó.

Se guardó el móvil en el bolsillo con toda la parsimonia, bajó la escopeta y, para sorpresa de Janko, la descargó. Respondió a la mirada de incredulidad del chico con una gran sonrisa torcida.

—Enhorabuena chaval, es tu día de suerte: alguien ha decidido que todavía vales algo. O al menos lo bastante como para que nos salga más rentable no matarte.

Hizo un gesto con la mano y los otros dos chicos se aproximaron. Inmovilizaron a Janko, que estaba demasiado desconcertado como para pensar siguiera en resistirse, y volvieron a ponerle el bozal. La situación era demasiado surrealista. ¿Alguien había pagado por él? ¿Quién podría querer un despojo inservible? La imagen de un rostro le acudió a la mente. No podía ser, era una fantasía estúpida.

¿Pero y si… ?

 

 

Parte II

Sobre mi experiencia en el Salón Manga de el Puerto y algunas novedades

¡Agosto de Caos!

Este mes está siendo una pesadilla, pero el comienzo fue bastante bueno. Como visteis en mis redes sociales estuve en el primer salón manga de El Puerto de Santa María (mi ciudad). Fue un proyecto con poco espacio y poco presupuesto pero me hacía muchísima ilusión y tenía ganas de que saliera bien. El Puerto está tirando a muerto, así que cualquier evento de este tipo que pueda salir adelante es bien para mí.

Tuve que pegarme un señor maratón de curro para tener todo el material a tiempo, ya que no tenía nada de stock de anime y para colmo me iba de viaje un par de semanas antes del evento, pero estoy muy orgulloso de lo que pude sacar (podéis ver los modelos de pegatinas en mi Instagram).

En cuanto al evento en sí lo peor sin duda fue el calor. Los stands estaban al aire libre y tuvimos la mala suerte de comernos toda a ola de calor. La organización se ocupó de que no nos deshidratásemos dándonos botellas de agua a todos los artistas y poniendo una ducha improvisada a disposición de los asistentes para refrescarse, sin embargo a pesar de todo eso y de la carpa (y la tela que nos dejaron los del stand vecino bless them mil veces) yo me quemé como un guiri en Benidorm. ¡Soy un ser de oscuridad! El calor y el sol me chafan, pero salí victorioso con muchas ventas y muchos buenos recuerdos.

Dejando de lado a los gilipollas que parecían no enterarse de que la ducha (más bien manguera) era para mojarse ellos y no la mercancía de los stands, la gente fue ULTRA MAJÉRRIMA. Llegaron a pedirme bastantes encargos y tuve la oportunidad de dibujar OCs de otras personas, que es algo que me encanta. Había mucha gente linda que me felicitó por mi trabajo, tengo nuevos seguidores en redes sociales (a los que les debo subir más cosas, lo siento) y he conocido a nuevos compis de curro con los que espero coincidir en otros eventos. En general, ha sido una victoria bastante significativa para mí como profesional, poco a poco veo que las cosas marchan. Quiero intentar ir al menos a un evento más antes del Mangafest de Sevilla en diciembre, mientras podéis comprar mis pegatinas en PuertoComics, la tienda a la que estoy asociado.

 

Ahora novedades:

Ando recuperándome de una recaída pero fuera de las movidas mentales las cosas están yendo bien, así que no creo que tarde en volver a ponerme en marcha. Los que me seguís en Instagram habréis visto que he subido algunos mini cómics; los estoy usando para descargar malos rollos y me está funcionando bastante bien así que seguramente siga haciéndolos y puede que hasta experimente con algo más complejo. También he regresado al que fue mi segundo hogar, el foro de rol de Rocavarancolia (seguidlos en Twitter son genialosos y super creativos) así que os daré bastante el coñazo con ello según vaya recuperando a mis antiguos personajes y mis tramas.

En cuanto al blog, estoy trabajando en el calendario de contenidos y tengo la intención de sacar dos relatos por mes, tanto autoconclusivos como fragmentos de las historias de varios de mis personajes. Me encanta compartir curiosidades con vosotros pero prefiero mostraros mis historias así que le daré prioridad a eso por ahora.

Y hasta aquí las novedades. No olvidéis seguirme en Twitter e Instagram para seguirme la pista entre entrada y entrada y no dudeis en comentar, ya sean chorradas o preguntas sobre lo que se os ocurra. No muerdo (bueno, sí muerdo, pero siempre con amor).

Sobre querer morirse y lo caro que es

Aviso de contenido: Menciones a muerte y suicidio.

La muerte es un tema que me ha fascinado desde que era una alimaña pequeñita. Por una parte porque me aterra, e interesarme por las cosas que me dan miedo es una de mis formas de enfrentarme a ellas, y por otra porque llevo gran parte de mi vida queriendo morirme 24/7. Hoy he estado trasteando con la contabilidad y he sacado cuanto me cuesta al mes mi terapeuta (he empezado de nuevo hace poco) y no he podido evitar pensar si no le saldría más barato a mis padres un entierro. Si total, ya tienen a la otra hija prosperando y seguramente les de más alegrías y menos disgustos.

El caso es que después de que mi terapeuta cancelara nuestra sesión con una increíble antelación de tres horas me puse a buscar presupuestos de servicios funerarios. Encontré este artículo super esclarecedor sobre lo que cuesta un entierro en España sin seguro, así en general (ignorad la publicidad del final) y es caro, joder, es muy caro (unos 3550 euros de media en España, si os da perecita abrir el link, 1900 si como yo y preferís la incineración). Y también muy siniestro, si nos paramos a pensarlo, pues vivimos en una sociedad en la que hasta morirse cuesta dinero ¿Qué coño pasa si no puedes permitirte una despedida para tu ser querido (o para tí mismo si no tienes a nadie que te quiera)? También investigué sobre eso y encontré este otro artículo .

Básicamente deja claro que si se te muere tu padre, o tu tía, o tu abuela, y eres heredero, te cobran el entierro por cojones. Y si no quieres o no puedes, pues tienes que contactar a la beneficencia para que se ocupen de ello. Y ahí ni incineración ni nada: te meten en un nicho que tapan con hormigón y a los cinco años o así tiran tus huesos a una fosa común. Que en realidad no es tan mala cosa, te descompones, como tiene que ser, pero da un poco de penita. En este otro artículo pone que es el Ayuntamiento el que se hace cargo del cuerpo si no hay nadie que lo reclame, pero que dará caza sin piedad a los herederos para reclamarles el dinero de vuelta (mientras eso no les cueste más dinero).

A estas alturas ya en pleno clímax de curiosidad internetera busqué qué es la beneficencia, porque no me acababa de quedar claro. Según la Wiki ”se llama beneficencia a los actos de donación o ayuda voluntaria a los necesitados, así como a las instituciones, tanto públicas como privadas, a través de las cuales se han articulado a lo largo de la historia.” En el caso de España lo gestiona el Ayuntamiento de cada sitio así que en realidad lo que dice el blog 1 y el blog 2 es más o menos lo mismo (digo yo).

Si taso todas mis pertenencias creo que podría sacar el dinero del funeral, o al menos reducirle la deuda considerablemente a mis padres ¡Y luego todo lo que se ahorrarían en comidas, ropa, medicamentos y demases! Luego una de mis voces buenas (algún día os hablaré de mis voces buenas y mis voces malas) me ha dicho que debo sumarle a los costes del funeral la terapia de mis padres y de mi hermana después de que me muera, y ahí ya los números no cuadran. Al final a mis padres les sigue saliendo más rentable pagarme la terapia, al menos por el momento.

Alas grises

Mi abuela solía decir que cuando un niño moría antes de ser bautizado su espíritu se transformaba en un tarans, algo así como un espectro de piel gris y cara permanentemente triste que se oculta en los troncos de los árboles. Me decía que si alguna vez iba por el bosque y oía un llanto debía rezar una oración por su alma y volver corriendo a casa, pues encontrarse con un tarans era signo de mal agüero. Yo estaba en esa edad en la que los niños no hacen caso a sus abuelas, ni a nadie. Cada vez que oía esa historia ponía los ojos en blanco y finjía ignorarla. Estaba convencido de que me lo decían para meterme miedo, ya que desde muy pequeño tenía la costumbre de ir a jugar a un pinar cercano a nuestra casa. Nunca he tenido amigos, las madres del pueblo desaconsejaban a los otros niños mezclarse conmigo y mis pasatiempos no eran, por así decirlo, muy bien vistos. Ahora echo la mirada atrás y comprendo la angustia de mi abuela y mi madre cuando me escabullía de la casa para volver a las tantas de la noche con algún animal muerto entre las manos. Daba igual la reprimenda que me echaran, yo me hacía el arrepentido y al día siguiente volvía a las andadas.

La historia que os quiero contar ocurrió en uno de esos tantos días de juegos a solas en el pinar. Fui en busca de vómitos de lechuza, los que se llaman egagrópilas: bolas de pelo, plumas y huesos pequeños, básicamente lo único que quedaba de sus presas. Los usaba principalmente para asustar a mi primo pequeño, un amante de los ratones y los animales pequeños. Se los dejaba en la almohada y cuando se iba a dormir lo oía chillar y llamar llorando a su madre. Me parecía desternillante.

Salí cuando la tarde estaba ya muy avanzada, así que hacía fresco y los mosquitos empezaban a desperezarse. Había llovido varios días seguidos y cada paso que daba levantaba una nube de esos bichejos insufribles. No importaba cuanto me untase de citronela, sabía que en un rato iba a terminar lleno de ronchas, así que no podría quedarme demasiado rato.

Llevaba andados un par de kilómetros sin apenas éxito. Había encontrado algunas plumas sucias de gran tamaño que podía usar para algo y una moneda de cobre y parecía que eso era lo máximo que iba a conseguir esa tarde. Las piernas me dolían por culpa de las picaduras y en los brazos ya me había hecho sangre de tanto rascarme. Entonces vi algo enganchado en un zarzal que me llamó la atención: un ala gris. ¡Por fin algo bueno! La desenganché con sumo cuidado de la rama para inspeccionarla. Todas las plumas estaban intactas y el hueso que sobresalía estaba completamente limpio, sin restos de carne podrida ni hongos. No solía encontrarme cosas en tan buen estado, casi me puse a dar saltos de alegría. La cosa mejoró: el otro ala estaba al otro lado del arbusto, igual de limpia y entera. Guardé ambas en el bolsillo exterior de mi mochila y me dispuse a volver a casa. Era imposible que pudiese encontrar algo mejor, además estaba ya bastante oscuro y no tenía ninguna linterna. No era como si hubiese ningún peligro en ese bosque; como mucho me encontraría con el borracho del pueblo y tenía claro que él me tenía más miedo a mí que al contrario, pero era un engorro caminar campo a través sin ver nada.

Fue al alcanzar el sendero que conducía a mi casa cuando oí el llanto. De normal habría pensado que venía de alguna casa cercana, el pinar no era tan grande como para no ver las luces de las fincas rodeándolo, pero sonaba preocupantemente cercano, y aun así ahogado, como cuando gritas con la cabeza enterrada en una almohada. El vello de los brazos se me puso de punta, de pronto parecía que la temperatura ambiente había bajado varios grados. El llanto se movía, de árbol en árbol; estaba trazando un círculo a mi alrededor. Sin pensarlo dos veces me santigüé y eché a correr como alma que lleva el diablo. Mientras corría solo tenía a mi abuela en mente, y sus advertencias. No sé cómo me las apañé para cruzar el bosque a la carrera sin tropezarme con nada, pero en un suspiro ya había entrado en el pueblo y subía el camino de adoquines hacia mi casa.

Una vez alcancé la puerta y me vi a salvo, rodeado de la luz cálida del porche me dio un ataque de risa. Me sentí bastante ridículo por haberme asustado tanto y haberme creído, por un momento, los cuentos chinos de mi abuela. Mi madre me abrió la puerta, posiblemente advertida por mi risa, y me recibió a gritos, metiéndome en casa a collejas.

Me mandaron a la cama sin cenar y me importó un bledo; tenía un tesoro maravilloso en mis manos. Me quedé un buen rato despierto bajo las sábanas admirando las alas. ¿De qué pájaro serían? ¿Podrían ser de pichón? Cepillé las plumas con un cepillo de dientes viejo para quitarle cualquier resto de tierra o suciedad que pudiera tener y las guardé en una caja de latón que tenía escondida bajo la cama, de esas donde vienen las galletas danesas y las abuelas usan como costurero. Allí guardaba también muchos de mis tesoros: varias vértebras de rata, un cráneo de pájaro, una lagartija momificada… Me dormí con una sonrisa de satisfacción. Había sido una buena tarde. Ya ni me acordaba del susto estúpido.

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Un llanto me despertó en mitad de la noche. Lo primero que hice fue maldecir por lo bajo, pensando que se trataba de mi primo pequeño. Me giré en la cama y al hacerlo, miré a la ventana con los ojos entrecerrados. El corazón me dió un vuelco en el pecho y de pronto el sueño se me fue de golpe. En el vaho de la ventana había aparecido la huella de una manita diminuta. El llanto seguía oyéndose, pero no estaba ahogado como en el bosque, se oía alto y claro al otro lado del cristal.

Llamé a mi madre a gritos. A mi abuela. A cualquiera de mi familia que quisiera oírme, pero parecía que nadie quería. El llanto sonaba ya más alto que mi propia voz. Me escondí bajo las sábanas, haciéndome todo lo pequeño que pude en una esquina de la cama, lo más lejos posible de la ventana. El corazón me saltaba frenético en el pecho, y por si fuera poco, la cama se había puesto a temblar. Yo lloraba llamando a mi madre. Aunque me tapase las orejas con la almohada era imposible dejar de oir el maldito llanto, ni aunque me apretase los lados de la cabeza con todas mis fuerzas. Empecé a ver lucecitas detrás de los párpados y, en algún momento, dejé de llorar, y lo que fuera que estaba al otro lado de mi ventana también.

Cuando abrí los ojos mi madre me estaba zarandeando. Parecía muy asustada. Ya era de mañana y yo estaba empapado en sudor frío. La cabeza me dolía mucho.

Al parecer una corriente de aire había abierto mi ventana con tanta fuerza que había saltado el pestillo y las hojas se habían estampado contra la pared pero nadie había oído nada, y mi madre se había encontrado el percal al ir a despertarme. Había cristales por todas partes. Me ayudaron a incorporarme. Me había hecho un corte en la ceja que sangraba de forma muy aparatosa, pero ya me lo habían tapado con un paño y decían que la ambulancia venía de camino. Yo todavía estaba medio atontado, pero pude ver mis tesoros desperdigados por el suelo entre los trozos de ventana. La caja estaba tirada en una esquina, llena de bollos, y no había rastro alguno de las dos alas grises.

Sobre el gatekeeping y mi descanso de las redes sociales durante el mes del Orgullo

gatekeeping

De UrbanDictionary. Gatekeeping: Cuando alguien decide quién y quién no tiene acceso o derechos a una comunidad o identidad.

 

Hace un par de años el mes del Orgullo para mi era motivo de ilusión y festejo. Encontré la forma de disfrutar del desfile en Madrid incluso con mi ansiedad social y fobia a las multitudes, y cualquier referencia o bandera multicolor que avistara hacia que diera saltitos de alegría. Había logrado definir mi identidad y mi lugar, tenía las etiquetas que cuadraban con lo que yo sentía: Soy una persona pansexual y trans no binaria, y a pesar del miedo al rechazo para mi fue liberador encontrar mi huequito. Todo se fue al traste cuando una persona random de Twitter dijo que si veía a alguien con una bandera pansexual en la manifestación le pegaría una paliza.

Teniendo en cuenta lo que escribo, a qué me dedico y que he sido un bicho raro prácticamente desde que nací ya debería haberme acostumbrado a que estos comentarios me resbalasen. Hay gente que va a despreciarte por las cosas más triviales, es un hecho, pero es un poco más difícil de tragar cuando viene de gente que se supone está en tu mismo barco. A ese comentario le siguieron muchos otros de distintas personas cuestionando todo aquello que me hacía sentir parte de algo: que si ser no binario es imposible, que si no eres de esta forma es que no eres trans de verdad… Sin saber muy bien cómo me había metido en una batalla de terminologías que o no entendía bien o no tenían sentido para mi porque no se correspondían para nada con lo que yo había vivido. De un año para otro todo estaba mal y de pronto gente a la que no conocía me instaba a renunciar a lo que yo creía que era sin más explicación que: eres una mierda de persona si usas X. No fui la única en sufrir esto, veía a muchas personas cercanas pasándolo mal por confrontaciones o comentarios de gente que había decidido que tenía el derecho a decir quién podía formar parte de la lucha queer y quien no y quién era aceptado a enseñar el jeto en el Orgullo y quien no. Ese año me quedé en casita con mis colegas.

Llevo una racha muy fea de dudas y conflictos de identidad. Ser no binario en un mundo en el que por no existir no existen ni pronombres neutros es difícil y si a eso le añades un par de trastornos mentales y autoestima más bien rotilla pues la cosa se complica aún más. De pronto sentirme parte de algo o verme validada en todos los aspectos de mi vida se hizo súper importante para mi. Perdí la confianza en mis habilidades artísticas, perdí la confianza en la gente a la que más quiero y a mi alrededor todo el mundo me parecían una panda de traidores. Me volví paranoica y miedica, sufría ataques de pánico y disociaciones mientras luchaba ¿contra qué? ¿para conseguir qué? Un año después de haber dejado Madrid y vuelto a casa de mis padres para intentar rehacer mi vida o por lo menos aprender a fingir que soy un adulto funcional y responsable de cara al mundo profesional, el mes del Orgullo me trajo recuerdos feos de inseguridades que tengo y esa necesidad de validación que no me va a llegar nunca, porque a esta gente random de Internet mi recorrido vital, mi historia y mis sentimientos le importan una soberana mierda. Me hizo falta una recaída (otra más) para darme cuenta de que por mucho que necesite estar en las redes sociales para darme visibilidad no iba a servirme si me drenaba de energía hasta el mundo de que me volvía incapaz de trabajar en lo mío. Hice lo que hago en muchas otras circunstancias: huí, solo que esta vez la huida iba a tener un fin más allá de evadirme de lo que me da miedo. Tenía que buscar la forma de gestionar esto, no me podía permitir que un comentario de una persona aleatoria de Internet me dejase fuera de combate varios días.

La misma semana de dejar las redes fui a una presentación de Gabriella Campbell en Málaga (ya os hablaré del libro maravilloso que ha hecho junto a José Antonio Cotrina). Un viaje de dos horas y media en el coche de un desconocido y un fin de semana yo sola con mi familia de allí. Fue terapéutico. No solo tuve la oportunidad de volver a ver a Gabriella, a la que echaba muchísimo de menos y a la que siempre es un gustazo de oír, ya sea hablando sobre temas literarios o chorradas varias con una cerveza por delante; también pude conocer a LiberLibélula, ilustradora de todas las portadas de la versión online de Las Crónicas del Fin y de la versión en papel. La primera impresión que me dio Liber por Internet es que era alta y gilipollas; cuando la conocí en persona descubrí que era bajita y jodidamente dulce y simpática. Ese fue el primer punto de inflexión: lo mucho que las redes sociales distorsionan nuestra percepción de otras personas. Con ella tuve una conversación MUY necesaria y nutricia y hasta me recomendó un libro que, aunque no me va a solucionar ningún problema existencial, sí que me ha hecho replantearme muchas cosas sobre cómo me enfrento al mundo. Tuve otras dos conversaciones maravillosas ese fin de semana, con miembros de mi propia familia, que supusieron un alivio para muchas cosas que me preocupaban en el momento. Me pateé media ciudad y vi muchas cosas bonitas, acaricié gatetes y perretes y descubrí que todavía puedo comer croquetas con los braquets puestos. No se puede decir que el viaje me haya curado la depresión pero me permitió parar, lamerme las heridas y animarme a buscar un nuevo enfoque.

Durante todo este mes he podido trabajar en ese enfoque, tanto con mi nueva terapeuta como conmigo mismo y con el apoyo de gente que me conoce y a la que le importo de verdad. Sé que cuando vuelva a las redes sociales esos comentarios seguirán ahí y aún me harán daño, pero al menos tengo mis prioridades en orden, objetivos que quiero cumplir este mes que empieza y la certeza de que sé quien soy mucho mejor de lo que pensaba, que no necesito la validación de toda la gente del planeta, que hay gente que va a estar en desacuerdo conmigo y que tampoco se acaba el mundo por que eso pase; que tengo derecho a defenderme pero no tengo la obligación de meterme en ningún fregao tóxico ni en ninguna lucha de egos. Tengo mejores cosas que hacer, como corregir el relato que voy a publicar en el blog la semana que viene.

Nota: Sé que no hace falta que nos valide todo el mundo pero a veces es necesario que alguien te diga que todo está bien. En mi caso esas personas fueron Peppermint y Jeffrey Marsh, dos rayos de luz cósmica que agradezco que compartan mundo conmigo.

Recomendación: Cuentos clásicos de vampiros

Últimamente estoy un poco obsesionado con los vampiros. No es algo nuevo, es un interés que he tenido toda mi vida de forma intermitente, aunque se haya intensificado desde mi descubrimiento del rol de Mundo de Tinieblas. Por eso cuando di con este libro no pude resistirme a comprarlo.

9788475646213

Como ya dije en mi artículo sobre Seis de cuervos, soy una persona jodidamente superficial que sí juzga los libros por su portada y posiblemente no lo habría comprado si no estuviese editado de forma tan bonita (o al menos me lo habría pensado antes de agarrarlo y correr hasta la caja con él). El libro es una recopilación de trece cuentos de vampiros, ordenados cronológicamente y encabezados por El vampiro de John William Polidori. Este relato fue la inspiración del mito del vampiro como hoy lo conocemos y que sirvió de modelo para otras obras. Polidori, por su parte, se inspiró en un relato de Lord Byron Fragmento de una novela, para escribir su historia y en el propio Byron para su vampiro (no T no shade).

La verdad es que tras leer el relato y saber del bullying que le hacía Byron, le he cogido un extraño cariño a Polidori y ahora es mi hijo muerto hace más de 190 años. Santa Veronika te tenga en tu gloria, bebé.

A pesar de que todos los relatos están muy bien elegidos y traducidos y ofrecen un buen cuadro de cómo se ha creado el mito del vampiro, solo unos pocos me han marcado. Os voy a hacer un pequeño resumen de mis favoritos (sin sopilers) Si queréis que hable de alguno de forma más extensa, esté o no en esta lista:

El vampiro– John William Polidori: El joven Aubrey, que no es para nada un self insert del autor, se interesa por un atractivo noble concido como lord Ruthven y se va de viaje con él por Europa. Pero el seductor aristócrata resulta ser algo que seguro ninguno de vosotros imagina (chan, chan, chan)

La muerta enamorada– Théophile Gautier: Un joven sacerdote se enamora perdidamente de una dama el mismo día de su ordenación, lo que le empuja a llevar una doble vida. (A este le dedicaré un artículo aparte lo queráis o no porque la mujer, Clarimonde, es mi crush máximo y le debo odas, poemas y cuadros al óleo)

La buena lady Ducayne -Mary Elithabeth Braddon: Una joven empieza a trabajar como dama de compañía de una anciana adinerada. Por alguna razón todas sus acompañantes anteriores acabaron terriblemente enfermas y tuvieron que dejar el trabajo a los pocos meses.

La tumba de Ethelid Fionguala– Julian Hawthorne: Los amigos de Keningale lo visitan para interrogarle sobre su repentino cambio de actitud desde el regreso de su viaje por Europa.

La verdadera historia de un vampiro– Stanislaus Eric Stenbock: Una anciana baronesa nos narra la historia de cómo un invitado de su padre, al que conoció por pura casualidad, destruyó su hogar y a su familia.

El huésped de Drácula– Bram Stoker: Un caballero inglés de visita por Múnich hace caso omiso de su cochero y decide desviarse de su camino para dar un paseo por el campo. Pero debe volver antes del ocaso, pues es Walpurgis nacht, la noche de las brujas.

¡Y ya está! Aquí os dejo el link a la página de la editorial con las referencias del libro y su precio, por si lo queréis buscar. Contadme, ¿cuáles son vuestros relatos favoritos sobre vampiros? ¿Hay alguno del que os gustaría que hablase? ¿Conocíais alguno de los cuentos que he mencionado? ¡Tened buen finde y hasta la semana que viene!